Me he acordado de un cuento que mencionó el profesor Ratzinger en 1967 durante un curso que acabó editándose con el título “Introducción al cristianismo”. Y ya que me ha venido a la cabeza querría aprovechar la ocasión para pedir oraciones por el próximo viaje de Benedicto XVI a Alemania (22-26 de septiembre).
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| Biblioteca de Tübingen |
La visión del entonces profesor de Tübingen podría considerarse casi profética, pero considerado despacio es un ejercicio de conjugar sentido común y de sabiduría popular realizado por una mente preclara y recta. Ojalá nos ayude a sacar consecuencias. Copio el texto en el que Ratzinger aludió al cuento. Hablaba de la responsabilidad de mantener nuestra fe intacta, y de los peligros de no hacerlo. He añadido un enlace en el que podéis leer el cuento completo.
El problema del auténtico contenido y sentido de la fe cristiana está hoy, mucho más que en tiempos pasados, rodeado de incertidumbre. Quien ha seguido el movimiento teológico de las últimas décadas y no pertenece al grupo de quienes, sin reflexionar, creen sin reparo que lo nuevo de todas las épocas es siempre lo mejor, podría repasar en su memoria el cuento titulado "La dicha de Hans". Hans convertía las pepitas de oro, que tanto le molestaban, en caballo, vaca, ganso y, por fin, en una piedra de afilar que acabó por tirar al mar. Con ello no perdió mucho, sino que, por el contrario, adquirió el precioso don de una libertad más amplia, a la que siempre aspiró. El cuento deja a la fantasía de los lectores las consideraciones sobre la duración de su embriaguez y sobre lo difícil que fue para él el momento en que despertó del sueño de una deseada libertad.
A los cristianos de hoy les acucian no raras veces problemas como éste: ¿no ha seguido la teología en los últimos años un camino semejante? ¿No ha dado interpretaciones progresivamente descendientes de la pretensión de la fe que a menudo se recibió de manera sofocante? ¿Y no se tiene la impresión de que tales interpretaciones han suprimido tan pocas cosas que no se ha perdido nada importante, y al mismo tiempo tantas, que el hombre siempre se ha atrevido a dar un paso más hacia adelante? ¿Y no tendrá al fin el pobre Hans, el cristianismo que se ha dejado llevar de cambio a cambio, de interpretación a interpretación, en vez de la pepita de oro, con la que empezó, la piedra de afilar que, por consejo ajeno, debe tirar?
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La razón por la que me ha venido a la memoria este cuento es triste, pero puede ayudarnos a escarmentar en cabeza ajena. No he querido mencionarlo en texto de esta entrada: os dejo aquí un enlace.


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