
No sé si alguna vez seré capaz de aprender tanto como Dios desea mostrarme por medio de los buenos ejemplos de otros. El Santo Padre, durante la JMJ de Madrid, ha expresado riquísimos mensajes con palabras, pero no menos valiosos son los que mostró con su obrar. Durante la vigilia de oración en Cuatro Vientos, se desató una fuerte tormenta. Las cosas no marchaban según lo previsto… ¿Qué hacer? ¿Empecinarse en seguir los planes preconcebidos? ¿Patalear y mostrar signos de enfado o confusión ante la adversidad? No, el Papa se adaptó y utilizó las circunstancias como una nueva ocasión de amar a Dios y al prójimo. Renunció a terminar su discurso y soportó todo, serena y amablemente, junto a los asistentes, invitando a ofrecerlo todo al Señor. Agradeció la alegría y el esfuerzo de los jóvenes y aprovechó para explicar cómo con Jesús se pueden superar todas las adversidades. "Con su lluvia, el señor nos manda su bendición"-añadió.
Antes de la Santa Misa del día siguiente, tuvo cariñosas palabras para quienes habían soportado con valor la noche lluviosa. Y después: “Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez, y no sólo los ojos, también el corazón, y esto os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo. Con esta confianza, y sabiendo que el Señor nunca nos abandona, comenzamos…”.
Os transcribo un bonito texto que circula por Internet: “Cuando Dios te quita aquello que tenías agarrado, Él no está castigándote, sino simplemente abriendo tus manos para recibir algo mejor. La Voluntad de Dios no te llevará donde la Gracia de Dios no te proteja".
O mejor aún: “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Rom 8, 28).
Pilar V.Padial
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