lunes, 22 de agosto de 2011

QUE LA JMJ DÉ FRUTO ABUNDANTE…






La JMJ permanece en el ambiente. Ha sido algo maravilloso: bien organizado, bien vivido, muy participado, realmente bello...

Son precisos todos los medios y esfuerzos humanos para un óptimo resultado en la Nueva Evangelización. Pero no olvidemos nunca que es imprescindible tener siempre los ojos fijos en el Señor. La JMJ no se reduce a una fiesta campestre de jóvenes, ni a una reunión del Papa con sus seguidores para hacer una multitudinaria manifestación pública. No descuidemos la dimensión sobrenatural: es un encuentro con Dios vivo, en Dios y para Dios. Sólo así será bueno también para el hombre, y dará buenos y abundantes frutos.

Hoy predomina el materialismo, habitualmente con algunos tintes mágicos (abunda el vocabulario budista y pagano). Por eso la Iglesia (nosotros), ha de recuperar la mirada esencial a lo más fundamental, el encuentro personal con Jesús. Busquemos continuamente la coherencia de vida con esta mirada, y oyendo a Jesús que habla, acerquémonos a las fuentes del Espíritu: la Palabra de Dios acogida en la oración, los Sacramentos, la comunión con la Iglesia, la caridad, el anuncio esperanzado del Evangelio…

Transcribo unas hermosas líneas del discurso de Mons. Ignacio Hazim en la inauguración de la Conferencia Ecuménica de Upsala (Suecia 1968), titulada: "He aquí que hago nuevas todas las cosas" (Apoc. 21,5)


Sin el Espíritu Santo


Dios está lejos,
Cristo queda en el pasado,
el Evangelio es letra muerta,
la Iglesia es simple organización,
la autoridad, despotismo,
la misión, una propaganda,
el culto, una evocación mágica
el obrar cristiano una moral de esclavos.

Pero, en el Espíritu Santo
y en permanente comunión con Él,

el cosmos se alza y gime dando a luz al Reino,
Cristo Resucitado está siempre presente,
el Evangelio es fuerza de vida,
la Iglesia una comunión trinitaria,
la autoridad, un servicio liberador,
la misión, un nuevo Pentecostés
la liturgia, memorial y anticipación,
y todo el obrar humano queda deificado.


Ahora pues, debemos ponernos manos a la obra en lo que el Papa nos ha venido a comunicar de parte del Señor, y orar y colaborar para que la cosecha sea abundante y duradera.

¡Ven, Espíritu Santo, ven por medio del Inmaculado Corazón de María tu amadísima Esposa!
Pilar V.Padial

1 comentario:

  1. Que el Espíritu Santo y Santa Maria Reina nos ayuden a hacer fructificar la JMJ

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