sábado, 5 de marzo de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO 6 DE MARZO

Domingo 9. Tiempo ordinario (A) Mt 7,21-27.

 Dios nos ha hecho libres
 Libremente hemos de hacer su voluntad
 Obras son amores.
 Seguros siempre, si estamos cerca de Dios

1. «No todo el que dice, “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre»
Dios ha creado al hombre dotado de libertad, capaz de tomar decisiones, y de ser responsable de ellas; es decir, sabe que carga con las consecuencias que se derivan de sus propias decisiones. La expe-riencia diaria es un testimonio claro de esta verdad: decido hacer esto o aquello, ir a un lugar u a otro, cumplir el precepto de oír la Santa Misa los días de precepto, o dejarme seducir por lo que hacen los demás. «Mirad: yo os pongo delante maldición y bendición: la bendición si escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios que yo os mando hoy; la maldición, si no los escucháis y os desviáis del camino que hoy os marco».
Dios quiere hacerme partícipe de los superabundantes dones de su Reino: hijo de Dios, llamado a ser santo y heredero del Cielo. «Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios». Pero estos tesoros Dios no los impone a la fuerza, sino que los ofrece amorosamente a cada uno. Espera de cada ser humano la respuesta libre y así coopera con la gracia divina para llegar a convertir en realidad la sed profunda de felicidad que anida en su corazón, hecho para Dios.

2. El evangelio de hoy nos enseña cual es la vara con la que Dios mide la conducta del hombre: «No todo el que dice, “Señor, Señor”, en-trará en el Reino de los Cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre». A Dios le interesan, no tanto nuestras palabras cuanto nuestras obras de obediencia que manifiestan de verdad la calidad del amor que tenemos a Nuestro Señor.
Es como si nos dijese: «obras son amores y no buenas razones». Y las obras que espera de nosotros, no son cosas extraordinarias, sino descubrir y valorar la grandeza de la vida ordinaria. Hacer lo mismo que hacemos todos los días, pero realizarlo con perfección humana y por amor de Dios. El que escucha estas palabras y las pone por obra es como aquel que edifica su casa sobre roca; resistirá a todas las tor-mentas y adversidades de la vida. Y mientras todo pasa, sus obras permanecerán para siempre.

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