sábado, 6 de noviembre de 2010

LA CRUZ DE ALDOVEA (I)

Foto de Jesús F.
El pasado 18 de septiembre, durante su viaje apostólico al Reino Unido, Benedicto XVI celebró la Santa Misa en la Catedral de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, en Westminster. Durante la homilía, refiriéndose al enorme crucifijo que preside la nave de la Catedral, comentó: Quien visita esta Catedral no puede dejar de sorprenderse por el gran crucifijo que domina la nave, que reproduce el cuerpo de Cristo, triturado por el sufrimiento, abrumado por la tristeza, víctima inocente cuya muerte nos ha reconciliado con el Padre y nos ha hecho partícipes en la vida misma de Dios.

Desde hace pocos días, también en el colegio tenemos un crucifijo nuevo, que nos encontramos de frente al entrar en el oratorio del Colegio. Las palabras del Papa parecen dirigidas a nosotros en primera persona.

Foto de Jesús F.
Continuaba el Santo Padre: Los brazos extendidos del Señor parecen abrazar toda esta iglesia, elevando al Padre a todos los fieles que se reúnen en torno al altar del sacrificio eucarístico y que participan de sus frutos. El Señor crucificado está por encima y delante de nosotros como la fuente de nuestra vida y salvación, "sumo sacerdote de los bienes definitivos”, como lo designa el autor de la Carta a los Hebreos en la primera lectura de hoy (Hb 9,11).


Cuando entres al oratorio, para asistir a la Santa Misa o para confesarte, piensa que Él está por delante y por encina de nosotros, y que nos espera con los brazos abiertos...

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