
El tiempo puede derribarte, hacerte doblar las rodillas, romperte el corazón, tenerte implorando piedad… (De una canción que Eric Clapton dedicó a su hijo de 4 años, fallecido en un trágico accidente).
Sí, ese momento llega en la vida de todos. Es la pobre realidad de la vida humana. Pero lo verdaderamente importante es ante quién nos arrodillamos.
Si mis pecados me postran a los pies de Jesús, Él me toma en sus brazos y me eleva hasta su Corazón, perdonándome y santificándome.
Si la ruina amenaza a mi cuerpo engullendo toda mi vida, con sus ilusiones y proyectos... Me arrodillo ante Jesús, quizás aún con una pregunta, con una queja…Él me abraza con fuerza y me acoge en lo profundo de su Ser llenándome de Vida, la suya, porque Él ya sufrió todo eso por mí.
Si los problemas, el dolor, la impotencia…llenan todos mis instantes, de rodillas ante Él, su fortaleza me sostiene y consuela.
Si el gozo, el éxito, la alegría, desbordan mi pequeño ser, me arrodillo ante Él y todo eso lo hace suyo y todo lo suyo, mío.
En la película el Cristo del océano, un pescador, tras bromas y despedidas, se hinca de rodillas sobre la proa de su barca que zarpa mar adentro. Su hijo adoptivo, al verlo, de inmediato se recoge también en oración. El valor y el ejemplo del padre arrastran al hijo que le ama y admira. Quiero expresar así lo que Juan Pablo II fue y es para mí y para otros muchos enfermos y desvalidos.
Aprendí con él que el camino del dolor no es fácil de aceptar, de vivir, de aprender. A él le costó, como a todos, porque era humano, no un súper-héroe, pero el secreto está en encontrar en la cruz al Crucificado.
Si te arrodillas ante Jesús, Él te eleva hasta su Corazón. Si lo haces ante cualquier otro te arrastrarás en la esclavitud.
Pilar V.Padial
Palabras del Beato Juan Pablo II el 24 de mayo de 1981, durante el rezo del Regina Coeli desde el Policlínico Gemelli, pocos días después del atentado del día 13: "Cuando, al día siguiente de mi elección a la Cátedra de San Pedro, vine de visita al Policlínico Gemelli, dije que quería apoyar mi ministerio papal sobre todo en los que sufren. Ahora reitero la misma convicción de entonces: el sufrimiento, aceptado en unión con Cristo paciente, tiene una eficacia incomparable en orden a realizar el designio divino de salvación".
ResponderEliminarPilar, muchas gracias por el artículo.
Gracias a ti por esta cita.
ResponderEliminarEs importante también citar la carta apostólica "Salvifici Doloris"