(A) Jn IX, 1-41
- “Yo soy la luz del mundo”.
- Tengo que dejarme curar como el ciego
- Debo descubrir en todo la mano de Dios
- Pedir a la Virgen: ir y volver con Jesús
1— “Yo soy la luz del mundo: el que me sigue tendrá la luz de la vida”. Es la Verdad, cuyo esplendor guía el comportamiento humano. La vida es un don y también una tarea. Evidentemente es un regalo de Dios; y al mismo tiempo quiere que con ese don realicemos una misión en este mundo: santificarnos con el trabajo ordinario muy bien hecho y ofrecido generosamente a Dios, y acercar a muchos a Dios para que le conozcan y se salven.
Gran tarea la nuestra; necesitamos caminar como hijos de la luz, buscar siempre y en todo lo que agrada a Dios. “¡Señor, que vea!” lo que quieres de mí. “¡Señor, que sea!”, que empeñe mi vida en realizarlo.
2— Para ver con perspectiva de eternidad el sentido de mi vida en el mundo, debo dejarme curar por Jesús, como lo hizo aquel ciego de nacimiento. El Señor va a curarle; y desconcierta a todos con su proceder: emplea no los colirios ofrecidos por la medicina, ni el agua clara que aconseja el sentido común; sino que usa el barro y después la obediencia del ciego que debe lavarse en la piscina de Siloé. La lógica de Dios, una vez más, no se rige por la lógica de los hombres.
Y así, cuántos hombres han empezado a ver el plan de Dios a través del dolor, de la enfermedad y del fracaso. Piensa cómo encontró el cielo el buen ladrón.
Aquel Jesús que curó al ciego de nacimiento, que es la Luz del mundo, el Salvador de todos los hombres, está aquí. Él quiere curar a ti que andas siguiendo a Cristo tibio e indolente; que vas desorientado como un ciego; que te sientes envuelto por la duda y el miedo. ¡No temas! “Yo soy la luz del mundo, la Vida, la Salvación”.
Ven a Mí. ¿Dónde estás, Jesús? Mira, te espero en un retiro en estos días de Cuaresma para que mi Verdad sea tu luz. Te espero día tras día en la confesión para perdonarte y llenar tu alma de mi alegría y de mi gracia. Con el alma limpia verás el mundo y a cada persona con una luz nueva que te llenará de esperanza, “porque para Dios nada hay imposible”. Vamos a pedir a la Virgen que sea nuestro camino para ir y para volver a Jesús.

Del Mensaje de Cuaresma 2011 de Benedicto XVI: "El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».
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