Domingo 8. Tiempo ordinario (A) Mt VI, 24-34.
v Dios me libró porque me quiere.
v Nadie puede servir a dos señores.
v Poner por delante a Dios.
v Rectificar nuestra conducta, con el examen.
1—”El Señor fue mi apoyo; me libró porque me amaba”
La vida humana tiene muchas manifestaciones incomprensibles para nuestra inteligencia: rechazos o abandonos del amigo, el dolor, la soledad, etc. Y, cuando esto ocurre, surge de nosotros una queja como la de Isaías: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado”.
También en nuestra vida, al hacerse presente las pruebas que Dios nos envía, qué fácilmente aparece el desaliento, la queja o el enfado. No entendemos los planes del Padre del Cielo; y Él nos recuerda como al Profeta. “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, Yo no te olvidaré”. Esta promesa divina nos ha de llenar de confianza, porque Dios cumple siempre su palabra...
2— Hoy Jesús nos ofrece un programa de vida muy exigente: “Nadie puede estar al servicio de dos amos... No podéis servir a Dios y al dinero”. No se puede encender una vela a San Miguel y otra al diablo: eso sería pretender hacer lícito lo ilícito, confundir la luz con las tinieblas, el bien con el mal.
El Señor, cuando nos pide este comportamiento, busca sólo nuestro bien: quiere que no pongamos el corazón en las cosas del mundo, porque todo se acaba. Pide que lo pongamos en Él que es la Vida y la Felicidad que tanto necesitamos. De este modo aprenderemos a convivir, sin perder la paz, con las contrariedades que acompañan nuestro andar terreno, porque son llamadas amorosas de Dios que nos recuerdan que la patria definitiva no es el mundo sino el Cielo.
Así cuidaré no perder nunca el sentido de orientación: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”.
Y el reino de Dios es la amistad con Él, es la salvación, es el gozo perpetuo. Hacia esa meta caminamos a lo largo de nuestro peregrinar por la tierra. Ciertamente que nos encontramos con muchas incitaciones a vivir de “tejas para abajo”, con un olvido total de lo permanente.
Por eso necesito luchar, rectificar y volver a empezar las veces que sean necesarias. Este es el modo de no perder el norte y de caminar con seguridad hacia la Vida.
gracias por recordarnos el Evangelio de hoy
ResponderEliminaros recomiendo mi blog: quiz est veritas
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